Monasterio de el Escorial

Monasterio de el Escorial

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Para conmemorar la Batalla de San Quintín, y para albergar los restos de su padre, el Emperador Carlos V, Felipe II mandó construir este Monasterio. Se rodeó de los mejores representantes del humanismo renacentista y emprendió personalmente el ambicioso proyecto de dejar tras de si una obra que pudiera aparecer como la síntesis y la muestra de los ideales de su tiempo. Después de una intensa búsqueda del lugar idóneo por una comisión formada por eminentes arquitectos, médicos y filósofos, fué el propio Rey quién decidió asentar la Real Fábrica en una ladera próxima a la aldea de El Escorial, resguardada de los fríos del Guadarrama y bien provista de aguas y materiales de construcción.


La razón, la simetría, el equilibrio y el estudio de las disciplinas de la antigúedad rigieron la construcción que había de albergar, además de un austero palacio para el Rey, el panteón de la dinastía, una basílica, una comunidad de frailes y una riquísima biblioteca.


La primera piedra fué colocada el 23 de Abril de 1563 por el arquitecto Juan Bautista de Toledo. La última se puso el 13 de Septiembre de 1584. A la muerte de Juan Bautista de Toledo, se hizo cargo de las obras un discípulo suyo, Juan de Herrera, quién, contra lo que tradicionalmente se cree, no introdujo grandes cambios en los trazados de su antecesor.


En la fachada principal se destaca un imponente cuerpo de columnas que corresponde, en el interior, a la biblioteca. Sobre la portada, un escudo imperial y una estatua de San Lorenzo constituyen la única decoración escultórica. A la entrada, el patio de Reyes, "antesala de la eternidad", aparece presidido por las estatuas de los Reyes de Judea.

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