Ribadeo

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Foto: ZEUS74 Panoramio

Ribadeo debe su nombre al río Eo, ya que, según Isidoro Millán, procede de "ripa-de-uve", nombre prelatino que significaría húmedo, mojar o bañar.

El nombre de Eo aparece en el documento del rey Silo (año 775), quizá el documento escrito más antiguo de la Península, bajo la forma "IUBE". Pese a que, como sucede en la mayoría de las poblaciones urbanas de Galicia, la villa de Ribadeo carece de una historia actualizada y completa podemos señalar que merced a los trabajos de eruditos locales (Sanjulián y Francisco Lanza) y a las investigaciones de los siglos XVI-XIX, puede describirse una estampa bastante satisfactoria del Ribadeo moderno, quedando la prehistoria, la historia antigua y la medieval un tanto borrosas.

La existencia de alguna mámoa testimonia un poblamiento temprano, al igual que sucede con los numerosos castros y los hallazgos de torques y de una diadema, los cuales evidencian una floreciente cultura del bronce; pero, realmente sólo a partir del siglo XII se puede hablar de una historia de Ribadeo con fundamento.

Hacia 1128 Alfonso VII llevó a cabo un reordenamiento territorial, ampliando las tierras de realengo a costa de las del obispo. En esta fecha, en el territorio que luego constituiría el alfoz de Ribadeo, existían ya 21 parroquias; por lo que, esta zona era, consiguientemente, a principios del siglo XII un lugar densamente poblado, de ahí que Fernando II, en 1183, decidiese crear una villa; es decir, elevar al rango de tal a un núcleo ya existente, otorgándole una carta puebla con varios privilegios, entre ellos el de la posibilidad de celebrar un mercado. Los deseos de la monarquía de favorecer a la joven villa se perciben también en el hecho de que en el año 1202 se amplió considerablemente su alfoz: además del subsodicho fuero, la villa adquirió, poco a poco, otros elementos característicos del ámbito urbano: iglesia colegiata, conventos de San Francisco y Santa Clara (siglos XIII-XIV). Los trabajos de investigación de Fernando Alsina aluden - para esta fecha- a la ruralización de sus gentes, dedicadas en mayor medida al aprovechamiento agropecuario y en menor medida a la artesanía.

El paisaje para los siglos XIV y XV era más alentador: explotación de sus bosques, cultivo de la vid y exportaciones comerciales. Más precisas son las noticias referentes a la señorialización del núcleo, hecho que condicionará el gobierno de la villa y su alfoz desde fines del siglo XV hasta comienzos del XIX. En 1369, la lucha por el trono entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara, marcó un cambio de rumbo para Ribadeo, que de estar bajo protección real pasó a ser un condado, en manos de un francés, Pierre de Villaines, pasando con posterioridad a las de Rodrigo de Villandrando y, por último, a la Casa de Híjar, hasta el siglo XIX. A comienzo de los tiempos modernos -hacia 1500- Ribadeo aparece, en definitiva, bajo el dominio particular de sus condes, en lo que concierne a su gobierno, y desde el punto de vista económico la villa se encontraba estrechamente vinculada a la economía del Atlántico, gracias a las exportaciones de madera en dirección a Sevilla y Lisboa, a la construcción de naves y a la emigración hacia Sevilla e Indias.

Hasta 1660-1680 la vida comercial de la villa gira en torno al comercio de la madera, como lo demuestran las escrituras de fletamiento y otros contratos entre mercaderes. Durante este tiempo, Ribadeo aparece como cabeza de puente entre las tierras de su traspaís y Sevilla e Indias.

Desde el punto de vista social es significativo que, entre los siglos XVI-XVIII la relación entre hidalgos y comerciantes fuese fluída y abierta, sin que quepa establecer distinciones artificiosas entre ambos grupos. Pese a que el movimiento económico era intenso en el siglo XVI y en la primera mitad del XVII, las dimensions de la villa eran reducidas: unos 254 vecinos en 1587, y prácticamente los mismos -243- en 1646.

Hacia mediados del siglo XVIII el comercio de la madera dejó de tener la importancia de antaño, y el tráfico del puerto se basaba en la importación de sal, hierro y textiles. Este cambio de orientación económica se produjo cuando se autorizó la importación directa y con desgravaciones, desde la Europa Nórdica. Desde entonces, el rítmo de la villa cambió, asentándose en ella una serie de comerciantes, en particular asturianos -Ibáñez, Campoamor, Villaamil, Lanza-, a cuyos almacenes acudían en busca de lino, para elaborar los paños que posteriormente se exportaban a Castilla. De todas formas, cuando con posterioridad a 1820 se gravaron las importaciones de lino y comenzaron a invadir Galicia los tejidos catalanes, el tráfico comercial y la vida económica del puerto se vió seriamente afectada, aunque pudo sostenerse durante el siglo XIX, al permitírsele en la década de los 1840 comerciar con América, diversificar sus importaciones con abonos y cueros y aprovecharse del florecimiento agrícola, basado en el cultivo del trigo, el maíz y la patata.

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