Situada a 493 metros de altitud, con temperatura media de 9,5 en invierno y de 24,6 en verano, su población está en torno a los 90.000 habitantes. Sin mengua de la parte moderna, limpia, bien trazada, con un hermoso parque, la Ciudad Monumental, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, acapara toda la admiración del visitante, ya que el gran número de palacios, iglesias y casas solariegas, impecablemente conservadas, hacen de ella una verdadera reliquia artística, en la que predominan los siglos XV Y XVI, pero donde no faltan tampoco recuerdos más antiguos, como la bella Torre de Carvajal, almohade, del siglo XIII, y la casa mudéjar.
Las murallas que abarcan esta zona son igualmente almohades, con sectores todavía romanos. Aún permanecen en pie doce de las treinta torres albarranas que protegían el recinto, destacando la llamada Redonda, del Púlpito, del Horno, de la Yerba, del Postigo, de Bujaco... Y el Arco de la Estrella, antigua Puerta Nueva, construida por Churriguera en el siglo XVIII. Merecen ser visitadas con detenimiento: La Casa de las Cigüeñas, del siglo XV, con su torre almenada, la única de la ciudad por privilegio real. La Casa de las Veletas, solar del antiguo alcázar, con fachada barroca. El convento de Santa Clara, del si glo XVII, con bellos escudos y frontis renacentista. San Mateo, que fue mezquita mayor, está en lo más alto del conjunto urbano, y, con portada plateresco, atesora suntuosos sepulcros. La llamada Casa del Sol, del XVI, en la que despierta admiración su importante fachada, con el escudo de los Solís. El palacio de los Golfines de Abajo, en el que se armonizan los estilos góticos , mudéjar y plateresco, y es muy hermosa la crestería de su singular fachada. Luego, la Plaza de Santa María se encuadra en sugeridoras arquitecturas, entre ellas una iglesia gótica, concluida en el siglo XVI, donde, en impresionante sucesión, reposan ilustres cacereños inmortalizados en losas, estatuas y escudos heráldicos. En la misma plaza, el Palacio Episcopal, con fachada gótica y renacentista, la plateresca casa de Ovando y el palacio gótico de Mayoralgo. Ilustran aún otros edificios y monumentos, en sus cuidadas calles enlosadas, este auténtico relicario de la historia: La iglesia de Santa María, La Torre de los Espaderos, el Arco del Socorro, la Torre de la Plata, el palacio de los Golfines de Arriba, la Casa de los Sánchez Paredes y la de los Pereros.
El Arco del Cristo, hoy la única puerta romana de todo el recinto, que daba acceso a la judería vieja de Cáceres.
Pero no todos estos monumentos se confinan dentro de la muralla. Otros muchos embellecen, fuera de ella, el Cáceres de hoy: El palacio de Godoy, el del Duque de Abrantes, el de la Isla, las Casas de los Carvajales y de los Galarza. La iglesia de Santiago, cuna de la Orden de los Frates con un soberbio retablo de Berruguete, la Casa de los Caballos, ahora Museo de Arte Contemporáneo, el Monasterio de San Francisco, la ermita mudéjar del Espíritu Santo y el Santuario de su Patrona, la Virgen de la Montaña, que domina todo el núcleo urbano.