Podemos ver uno de los más singulares monumentos megalíticos gallegos, el Dolmen de Dombate. Este dolmen se halla emplazado en una extensa llanura conocida como «O Chan de Borneiro», a una altura de 200 metros sobre el nivel del mar. Consta de siete losas verticales y una gran cobertura, con un pequeño corredor orientado hacia el poniente.

Su cámara poligonal alcanza los 4 x 2,5 metros de diámetro. En la cara interior de las losas verticales existían unos grabados, que hoy ya son casi imperceptibles.

Para la datación del Dolmen de Dombate habrá que referirse a la cultura megalítica gallega, que comenzó a finales del período neolítico, tres o cuatro mil años a. de C., y acabó, después de algunas fases evolutivas, con la Edad del Cobre, alrededor del año 2.500. A estos tiempos parecen pertenecer en general los dólmenes gallegos.

Se trata, pues, de uno de los más enxebres megalitos gallegos, por la belleza de sus formas, su buen estado de conservación.

En la parroquia de Borneiro también se halla el castro llamado «A Cibdá Celta de Borneiro», muy esparcido por toda la ladera del monte. Fue descubierto en el año 1924 por Parga Pondal y Pérez Bustamante y según excavaciones realizadas por el arqueólogo gallego Jorge Juan Eiroa, en 1972.

Se puden situar cronológicamente entre los siglos VI-I antes de Cristo, sin que aparezcan señales de romanización.

La acrópolis, de forma casi oval, mide 90 metros en dirección norte sur y 55 metros en sentido transversal de este a oeste. El poblado estaba defendido por varias líneas de parapetos, que se limitaban a un sencillo encintado en las zonas protegidas por la naturaleza y a varios muros en distintas direcciones en los puntos más débiles. La parte superior poseía una muralla continua, mal conservada y hoy cortada en tres sitios por otros tantos caminos. Apenas es perceptible el foso que corría por el sur y el oeste. A juzgar por uno de los tramos excavados, la altura media de las muros posiblemente fuera de 3,80 metros. Las defensas estaban formadas de mampostería pizarrosa y otras piedras menudas en las puntas.

Se han descubierto diez posibles viviendas circulares, o de tipo alargado y redondeado en los extremos. Las dimensiones de estas viviendas son variables llegando a superar en algunos casos los cinco metros de diámetro. No hay indicios de urbanización y están unidas por pequeños muros; incluso algunas son tangenciales. A Cibdá tiene una especie de barrio exterior, junto al camino de entrada a la parte alta. Comprende una gran casa de nueve metros de largo, dos fuentes con desagüe y un horno de forma circular que debió estar cubierto con una bóveda.

Ha aparecido abundante material contemporáneo del castro: Fragmentos de cerámica, molinos de mano, un asa de bronce, restos de una vasija metálica y dos cuentas de vidrio posiblemente pertenecientes a un collar.

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