Las Joyas Del Barroco Cordobés

27 Ene 2014 Jennifer García Sin Comentarios

Después de Córdoba, tras recorrer un tramo de 17 Km. por la N-IV, hay que coger el desvío de la N-331 que lleva directamente a Lucena. Desde esta población, y por la A-340, se accede después a Priego.

Dos ciudades de Córdoba cobijan la esencia artística del Barroco andaluz. Priego y Lucena se disputan uno de los estilos más extendidos por las tierras del Sur de España. Ambas poblaciones merecen una sosegada visita, aunque sólo sea para admirar los sagrarios de las iglesias de la Asunción y de San Mateo. Los amantes del arte hallarán aquí motivos suficientes como para invertir un largo fin de semana disfrutando de templos, capillas, santuarios y ermitas edificados en el siglo XVIII. Pero además, comarca mimada por la Naturaleza de las Sierras Subbéticas, vertebra esta ancha franja de monte mediterráneo salpicado de caseríos blancos que son lugar de paso hacia provincias como Sevilla, Málaga o Granada.

la asuncion de cordoba

Fuente: Andrés

La iglesia de la Asunción, se halla en el centro de la localidad La Asunción de Priego, junto al castillo y al barrio de la Villa, de calles estrechas y casas de blanco inmaculado. Desde fuera, la iglesia de la Asunción no expresa gran cosa. Su aspecto sobrio le confiere un aire de fortaleza. En su interior se abre una planta de cruz latina. Al fondo destaca un retablo plateresco.

Pero el verdadero tesoro del templo está en el sagrario. Es aquí donde arquitectos , tallistas e imagineros cordobeses prodigaron su arte. Toda la capilla está revestida de yesería blanca que luce con una luz natural que entra por las claraboyas y ventanucos del habitáculo. En el centro está el tabernáculo donde el sacerdote oficia la Eucaristía, y por encima de él, un coro de una balaustrada de madera decorada en pan de oro. el conjunto es imponente: una cúpula gallonada, completa uno de los sagrarios barrocos más extraordinarios de España.

El caminante admirará junto a él otros iglesias barrocas del pueblo como San Francisco, San Francisco y San Pedro, o la Fuente del Rey, un parque con tres estanques y más de cien caños de agua que ensalzan un conjunto de tallas mitológicas.

De camino a Lucena se hace obligatoria una parada en Cabra para dejarse seducir también por los encantos que encierra su iglesia barroca de la Asunción y Ángeles. Además, el viajero hallará un conjunto histórico bien conservado en las barriadas del Cerro y la Villa. Lucena aparecerá a lo lejos, rodeada de cerros alfombrados por centenarios olivos y viejas encinas. La ciudad posee una luminosa plaza, rodeada de edificios decimonónicos, en la que se alza la iglesia de San Mateo. El retablo mayor, obra maestra del manierismo español, muestra en forma de relieves escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Pero vuelve a ser el sagrario lo más sobresaliente del edificio. La portada está enlucida con mármoles rojos extraídos de las cercanas canteras de Cabra. Su planta octagonal muestra yeserías policromadas y una profusión de espejos que crea un juego de caprichosa luminosidad. Su abigarrada decoración, realizada en su totalidad por artistas lucentinos de la escuela de Francisco Hurtado Izquierdo y José de Bada Navajas, se completa con símbolos litúrgicos, doctores de la Iglesia y santos devotos del Santísimo Sacramento. Lucena posee al lado de San Mateo un castillo edificado en el siglo XI, en época judía.

El viajero encontrará justificados motivos para visitar otros templos de profusión barroca como Madre de Dios, Nuestra Señora del Carmen, Santo Domingo o el convento de San Martín, regentado por las religiosas agustinas recoletas.

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