La Sierra Norte

2 Nov 2014 Jennifer García Sin Comentarios

Desde Sevilla, por la A-431 hasta que, a la altura de Cantillana, hay que desviarse por la A-432 hacia Cazalla de la Sierra.

En Sevilla, a Sierra Morena la llaman Sierra Norte. Toda ella vertebra a buena parte de Andalucía, pero en cada provincia han querido nombrarla de una forma. Y, sin embargo, se diría que en cada provincia la sierra es diferente. En Sevilla, por ejemplo, posee una tonalidad luminosa que la diferencia de otros parajes de la comunidad.

El Parque Natural propiamente dicho cubre más de 164.840 hectáreas de uno de lo últimos macizos del Oeste de Sierra Morena, con una geo grafía de formas suavemente redondeadas, interrumpidas por los cursos fluviales de ríos, como el Víar, el Retortillo y el Huéznar. Este último dispone en su ribera de cotos trucheros, que hacen las delicias de los amantes de la pesca. Tampoco hay que olvidar los cotos de caza mayor y menor puestos a tiro para los amantes de las emociones cinergéticas.

La mirada del viajero capta un mosaico de paisajes, jalonado por senderos que propician interesantes excursiones, bien de contenido lúdico, como la que conduce al área recreativa de la Isla del Pescador, bien para conocer los abundantes vestigios del pasado, como el puente romano que cruza el Galindón o los restos megalíticos de Huertas Nogales, en las cercanías de San Nicolás del Puerto.

Junto a fincas donde se cultivan olivos y árboles frutales y donde se creían reses bravas, esta serranía de medianas cumbres y caudolosos arroyos está poblada por una fauna tan diversa como el ciervo, el gamo, el muflón, el jabalí o el gato montés. Entre las aves, dueñas de estos cielos. Pero también abundan el buitre negro, el leonado o la cigüeña negra, entre otras muchas especies.

Todo esto, así como su variada vegetación puede apreciarse en el centro de interpretación del Parque Natural, con sede en Constantina, cuyas instalaciones explican, muestran y dan fe de la riqueza botánica y faunística de este espacio protegido.

Un conjunto de blancos cortijos y extensas haciendas conduce hasta Cazalla de la Sierra, la más histórica y monumental villa del macizo sevillano. Se trata de un pueblo blanco, de perfumadas plazas y de encaladas viviendas en las que siempre cuelgan macetas floreadas. Y es en la Plaza Mayor donde se da cita alguno de los más insignes edificios del pueblo. Aquí se alza la iglesia de Nuestra Señora de Consolación, templo levantado a mediados del siglo XIV. Edificios civiles, como los Juzgados, de corte barroco, o el hoy Hogar del Pensionista, una casa solariega de estilo renacentista.

Cazalla es famosa también es famosa también, además de por sus licores, por su ilustre mercado de abastos, levantado en lo que en su día fue el diáfano claustro del convento de San Francisco. Muy cerca, en la calle Ancha, se admira otro convento, el de la Madre de Dios, y no se debe olvidar la armonía de otras iglesias y ermitas, como la de Santa Clara, San Agustín, San Benito o el Monte. Ya unos cuatro kilómetros, enclavados en un paraje natural privilegiado, se halla el santuario de Nuestra Señora del Monte, que acoge una celebre romería el segundo domingo de agosto.

Enclavada entre las sierras del Viento y el Agua, se encuentra Guadalcanal, una villa populosa y blanca que mira a las tierras bajas extremeñas. La plaza del pueblo está presidida por la iglesia de Santa María de la Asunción, adosada a una veteusta muralla almohade. Hay otras iglesias como la de Santa o la del Espíritu Santo, y hasta un antiguo hospital, el del Milagro, construido en tiempos de los Reyes Católicos.

Es admirable la panorámica que se divisa desde cualquiera de los cerros que circundan Guadalcanal. La carretera que baja a Alanís se adivina a los lejos. Allí su caserío se dispone con un inconfundible trazado árabe. La iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, la mayor del pueblo, posee en su interior un interesante retablo gótico.

Constantina, el más romano de los pueblos de la Sierra Norte sevillana, guarda también un recuerdo indeleble del mundo árabe. En esta villa toma asiento el barrio de la Morería, una encrucijada de callejas y recoletas plazas que conducen a un antiguo castillo vigía. De Constantina parte una carretera que conduce hasta San Nicolás del Puerto, un poblado en el que se alza la encalada iglesia de San Sebastián con su altivo torreón mudéjar. Y es que, al no ser San Nicolás un pueblo monumental, su atractivo radica precisamente en el maravilloso entorno que lo rodea.

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