Fuimos del 29 de agosto al 2 de septiembre y, además de volver enamorados del Valle del Tiétar (quien nos iba a decir que era así de fértil y que tenía tanto encanto!) quedamos encantados con la casa. Está a 1km del pueblo (yo iba andando con mi hijo de 6 años a por el pan), rodeado de olivos, higueras y paz, con un porche y un patio de gravilla que hizo las delicias de todos (no hicimos ni una comida en el interior). La casa está en plan rústico pero decorada con una mezcla de colores deliciosa, con un gusto exquisito. Cuenta con todo lo necesario: frigo, horno, microondas, todo el menaje. La habitación abuardillada es una preciosidad; de las de abajo sólo nos abrió una porque eramos 4; un poco pequeña, pero más que de sobra, porque no se usaba más que para dormir. El salón de techos altos es muy acogedor. El único "pero" es que no tiene ninguna buena luz de lectura, ni en el salón ni en las habitaciones, donde sólo hay las típicas lamparitas que alumbran pero no iluminan. En resumen, una estancia fantástica que recomiendo. Y para aquellos reticentes a alquilarla porque no tiene piscina, aquí les ofrezco todas estas posibilidades alternativas a tiro de piedra del pueblo:
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