
El arte de Chufín se puede dividir en dos grandes conjuntos: las representaciones del vestíbulo y las del interior de la cueva. En el vestíbulo, aparecen paneles con grabados de trazo profundo. En el más interesante de los paneles aparecen grabados que representan un bisonte y varias ciervas. Además hay peces, signos, etc. En la sala interior, las figuras se distribuyen por ambas paredes y hay tanto pinturas como grabados. En la pared derecha hay un “macarrón” abstracto, el grabado de una zancuda y un gran panel de pinturas rojas, con un uro y un caballo, puntuaciones y signos complejos. En la pared izquierda hay un antropomorfo grabado en trazo grueso, entre otras figuras de caballos.
En un paraje singular del Valle del Nansa, en un acantilado del embalse de la Palombera, se abre la cueva de Chufín, una de las nueve cavidades cántabras declarada recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La cavidad tiene una boca amplia y un vestíbulo espacioso que da paso a una galería ancha y baja. En el fondo de la cueva hay una sala amplia donde se forma un curioso lago interior.
Por las excavaciones realizadas en el vestíbulo se sabe que la cueva fue ocupada, al menos, durante el Solutense Superior (hace 17.500 años). Las representaciones artísticas de la cueva, sin embargo, son de diferentes momentos, algunas bastante anteriores, hasta de hace 25.0000 años.