Queríamos alojarnos cerca de la Costa Dorada y disfrutar a la vez de los viñedos y paseos por la montaña de la zona. Nos vinimos a Cal Paisà, que está en un pueblecito típico, y situado en un punto perfecto tanto para pasear por el monte como para darse un baño en el Mediterráneo. La casa conserva sus rasgos originales, está muy bien decorada, y el trato con los dueños es entrañable.
¡Una elección acertada!
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