Superó mis expectativas. Llegamos de noche en avión, tarde ya, pero cogimos el último autobús hacia Santiago. La carretera era sinuosa, iluminada y arbolada, lo que hacia presagiar un bello lugar. Y así fue. A lo lejos divisamos la silueta de la ciudad y su majestuosa e iluminda catedral. No decíamos nada pero en nuestro interior había satisfacción. LLegamos a la ciudad y nos hospedamos, con la ilusión de que amaneciese. Amaneció. Y nos fuimos a perdernos por sus calles, sin mapas, a descubrir lo nuevo y desconocido y experimentar ese placer. Acertamos, porque nos perdimos y encotramos lo que queríamos: SANTIAGO DE COMPOSTELA.
Vota