
Ayer hice por segunda vez el tramo del Camino comprendido entre Comboa (Arcade) y Vilarchán (Puentecaldelas). Cogí el tren de las 2:20 y a las 2:40 me bajaba en Arcade. Me puse a caminar. En el puente de Pontesampayo me detuve a conversar con uno que con caña pescaba desde allí. La marea estaba subiendo y las aguas entraban a contracorriente del río Verdugo. Aquel hombre, ya mayor, me dijo que no deseaba por nada jubilarse, que llevaba 40 años trabajando duramente con las manos, no como algunos que dicen trabajar y no hacen nada, que lo suyo era la construcción y que había ayudado a levantar muchas obras más o menos en los alrededores. Lo escuché con gusto, pero como el puente aquel es poco apropiado para la tertulia, pues los coches no dejan de pasar peligrosamente cerca, me despedí y seguí andando. De nuevo entré en el sendero que lleva a Acevedo y una hora justa, 60 minutos después me hallaba al comienzo del tramo que pensaba hacer. El camino empieza subiendo y no deja de subir empinado hasta el Cruce de Coto Agudo, donde junto a unas canteras de piedra trabajaba una máquina. ¡Qué subida, amigos! Fue

ron exactamente 70 minutos de ir para arriba. Era la fuerza del calor, pero con agua y paciencia, todo se anduvo. Allí en el Coto el agua fresca de un manantial invita a pararse. Empezó la bajada, y una hora después, tras pasar por la Cruz de Brasil y la ermita de Cristo Rey, llegué a Baltar. Al lado del camino una mujer contemplaba un peral cargado de fruta. Le alabé la riqueza y le pregunté si desde allí había camino directo a Pontevedra. Me respondió sonriendo que tenía que seguir adelante hasta el Campo das Cagallas y el polígono de Reigosa, donde entroncaría con la carretera de Puentecaldelas. Así lo hice y en el cruce quise saber a qué distancia me hallaba y si había transporte público. No lo había, pues el único coche que hace el trayecto baja a las 3, de modo que no me quedaba más que caminar los 8 km hasta la capital. Llegué justo para coger el tren de las 7:23 que sin detenerse me devolvió a Vigo, punto de partida. Había estado caminando 4 horas y media. El caminar me conviene. En lugar de hallarme rendido, exhausto, hecho polvo, al contrario, me siento rejuvenecido y con más ganas de vivir.