
El sábado pasado, 18 de julio, molesto porque en mi última andadura había equivocado la ruta, quise repetirla y deshacer el error, con el resultado de que me volví a equivocar y en lugar de terminar en La Carosa, fui a dar a Nogueira, también de Redondela, pero bastante más al norte, lo que me costó más de una hora de caminata no prevista. No me doy por vencido, de modo que lo intentaré de nuevo, esta vez en sentido contrario, para averiguar de una vez dónde me estoy equivocando y perdiendo el camino. Volviendo al intento del sábado, de nuevo comencé a caminar en Puentesampayo, el sendero que vía Acebedo me llevaría por la orilla del río a Comboa. Necesité una hora justa. De nuevo me abrí paso entre las hierbas y zarzas, de nuevo disfruté la aventura, de nuevo llegué a la playa fluvial. Allí no me quise parar, de modo que seguí adelante, hasta el puente romano, a cuyo pie hay una especie de playa donde como en días pasados dos o tres jóvenes tomaban el sol de la tarde temprana. El día pasado, justo cuando llegábamos al puente, se tiraba de cabeza uno al río, para impresionar a una moza, me figuro, que desde el pretil

lo contemplaba. Llegó él sano y salvo y desde abajo tras caer como una piedra, la invitó a seguirlo, a lo que ella, más prudente y avisada, pues eso de tirarse de cabeza a un río sin saber a ciencia cierta si hay calado bastante y no se corren riesgos indebidos es, cuando menos, un poco demasiado aventurado, se negó tranquilamente y con calma y paso medido se bajó a la playa junto a la orilla. Confieso que les hice unas fotos, un poco preocupado, porque estaban ambos en traje de baño y cabría suponer que a lo mejor se daban por espiados u objeto de curiosidad sexual malsana. Deseché tales pensamientos, sin embargo, y les hice las fotos. Seguí luego caminando y tras subir una cuesta llegué a la carretera que lleva de Sotomayor a Arcade. Pedí orientación en una tienda, cuya dueña me regaló una botella de agua mineral, puesto que no tenía cambio de la moneda con que yo pretendía pagarle. A partir de allí, tras el altorelieve de motivo moderno cuya foto incluyo, todo es subir. Se llega primero al castillo, donde el día pasado habíamos entrado y nos habíamos demorado fotografiándolo por delante y por detrás. (Continuará)