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Paseo de Gracia y Rambla Catalunya
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Todas las ciudades tienen, entre sus vías más importantes -por su trazado clave en las comunicaciones, sobre todo en las grandes ciudades- algunas calles que son vías comerciales amplias y concurridas, y que conservan un atractivo especial debido, sin duda, a su pasado, el cual no se pierde del todo con los cambios y remodelaciones necesarios para su adecuación a los nuevos tiempos.
En Barcelona, este fenómeno se hace patente en vías como el paseo de Gracia, y, especialmente, la rambla de Cataluña. Las terrazas de las cafeterías le dan vida, conjuntamente con las tiendas tradicionales y de oferta variada y las entradas a las modernas galerias comerciales llenas de luz. En su cruce con la Gran Via encontramos una pequeña fuente luminosa, con cuatro "putti" sobre delfines. No hemos de olvidar dos monumentos emplazados al comienzo y al final del paseo: un toro y una girafa, llamados Meditació i Coqueta, respectivamente, obras de Josep Granyer de 1972. La instalación de estas figuras fue patrocinada por los vecinos de la rambla de Cataluña. Esta vía, de 30 metros de ancho, que nace en la Diagonal y acaba en la plaza de Cataluña, ha conservado el encanto de su paseo central bordeado de árboles.
El paseo de Gracia fue, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, el centro residencial de la burguesía catalana de más categoría. Pocas casas tenían tiendas en la planta baja, pero desde 1925 muchos de los edificios han sido transformados y tienen ahora comercios en esta planta.
Este paseo sigue la línea recta del antiguo camino de Barcelona al pueblo de Gracia, actualmente barrio de Barcelona. Fue el año 1827 cuando este camino se convirtió en un amplísimo paseo con árboles. A diferencia de hoy, la parte central estaba destinada a los paseantes. En el año 1853 fue iluminado con farolas de gas. Un jardinero italiano plantó en sus orillas unos jardines a los que llamó Tívoli (1848), nombre que aún conserva el teatro de la calle de Caspe.
El modernismo ha dejado también en el paseo de Gracia su huella en edificios como la casa Lleó Morera, de Domènech i Montaner, la casa Batllò , de Antoni Gaudí, y la casa Milà también proyectada por este último. En el tramo del paseo comprendido entre las calles de Consell de Cent y de Aragó, encontramos también el contraste de los edificios de Enric Sagnier, de estilo Luís XV modernizado y la casa Amatller , de estilo neogótico, obra de Puig i Cadafalch. La variación de estilos ha popularizado este sector con el nombre de manzana de la discordia.
El paseo de Gracia y la avenida Diagonal son dos vías que han aglutinado la circulación y el comercio, y son al mismo tiempo calles residenciales y lugares de emplazamiento de restaurantes, cines y locales diversos: galerias comerciales, discotecas, cafeterías...
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