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La Barcelona Vieja
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Como ya se ha indicado en la parte general, la Ciudad Vieja se divide en tres partes. La Central, entre la Rambla y la Vía Laietana, es la Barcelona Antigua, llamada, por extensión, el Barrio Gótico. Entre la Vía Laietana y la calle del Comerç está el popularmente llamado barrio de la Ribera. Y entre la Rambla y las rondas de Sant Antoni y de Sant Pan, el barrio de Raval.
La Barcelona Antigua tiene su centro en la plaza de Sant Jaume. Aquí estuvo la plaza o foro romano de la colonia Faventia Julia Augusta Paterna, fundada en el siglo II a. de C. En esta plaza se cruzaban las dos calles principales de la colonia, el Cardo (actualmente formado por las calles del Bisbe y de la Ciutat) y el Decumanus (hoy callesde la Llibreteria y Call). En el siglo IV la pequeña urbe fue rodeada por murallas ante el peligro de invasión por los bárbaros, y que formaban un perímetro ovalado, cuya ronda puede hacerse hoy facilmente: Avenida de la Catedral, Plaga Nova, calles de la Palla de Banys Nous, de Avinyo, de Gignás, de Correu Vell, del subteniente Navarro, plazas del Angel y de Berenguer y calle de la Tapineria. Los mejores lienzos descubiertos de la muralla pueden verse en los tramos subrayados, y una puerta flanqueada por torres, de la misma muralla, en la Plaça Nova,En la Edad Media, el foro romano se convirtió en plaza, la de Sant Jaume, con los palacios enfrentados del Gobierno de Cataluña, o Generalitat, que dominaba todo el reino independiente de Cataluña y Aragón, así como sus posesiones en el Mediterráneo, y el palacio del Ayuntamiento, ambos de estilo gótico, aunque de fachada y de salones de épocas posteriores. Merecen visitarse, en el de la Generalitat, el patio de los naranjos y la capilla de Sant Jordi, y, en el del Ayuntamiento, el lujoso Saló de Cent, donde se reunían los «cien» representantes de los estamentos de la ciudad,así como los diversos salones y escalinatas, para contemplar sus obras artísticas. En la plaza de Sant Jaume se celebran actos de carácter político y ciudadano, espectáculos y fiestas y manifestaciones reivindicativas. Cerca de ella está la pequeña calle de Paradís, donde está el Centro Excursionista de Cataluña (de gran importancia social y científica), ante cuya puerta hay, en el suelo, una piedra de molino que señala el punto más alto de la colinita del Táber. Esta colina fue ocupada, antes de los romanos, por la tribu ibérica de los layetanos, que construyeron allí su poblado.
Conquistada por los romanos crearon la ya mencionada colonia. Luego fue ocupado por los visigodos y, más tarde, por los árabes, para pasar a ser, después, una ciudad de los francos y, finalmente, capital y motor del nuevo país llamado Cataluña. Para ver directamente este proceso conviene visitar el Museo de Historia de la Ciudad, en la cercana plaza del Rey, en cuyo subsuelo quedan restos y monumentos de todos aquellos pueblos y civilizaciones. La misma plaza del Rey, con el Palacio Real Mayor, la iglesia de Santa Agata, el precioso Salón del Tinell y el Palacio del Archivo de la Corona de Aragón, es uno de los lugares más llenos de sabor de la Barcelona Antiguna. Desde allí se llega fácilmente a la Catedral, gótica y de mucho interés, con su bonito claustro y sus portales. La fachada de este templo es de finales del sigIo XIX, pero a sus lados hay los palacios medievales, no menos interesantes, de la Casa dels Canonges, de la Pía Almoina y del Ardiaca. Todo ello solicita una visita tranquila, de paseo, de sosegada contemplación por las calles y plazuelas, ante los palacios y casas antiguas, pues todo este barrio, llamado Gótico -aunque incluye obras de varios otros estilos viene a ser a Barcelona lo que Grecia y Roma son para Europa: su cuna y su lugar de referencia.
La zona que se encuentra entre el Barrio Gótico y la Rambla (es decir, entre el recinto de murallas del siglo IV y el del siglo XIII, del que prácticamente no queda ningún resto) está formado por una serie de pequeños barrios de mucho sabor y muy típicos, como el de Santa Arma (con su bonita iglesia, cerca de la plaza de Catalunya), de El Pi (y su hermoso templo del mismo nombre) y el Call judío. Son barrios con casas de los siglos XVIII y XIX, llenos de comercios muy tradicionales, algunos con más de cien años de existencia. Es un placer entrar en las tiendecitas de las calles de la Palla, Banys Nous, Call, Boqueria, Portaferrissa, El Pi, Canuda, Santa Anna, etcétera, porque aquí se descubre el arraigado espíritu comerciante de los barceloneses, así como su carácter individualista y tenso entre la tradición y la renovación. No deja de ser interesante que en esta zona los centros de cultura (arte, ciencia. religión, etcétera) no se diferencian de los restantes, aspectos de la vida: antes bien, están integrados en ella, como algo natural y necesario, según puede observarse en una calle tan típica y bien cuidada como la de Petritxol donde arte, libros, pastelerías y chocolaterías forman un conjunto armónico y sin disonancias. Lo mismo sucede en l
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