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Convento de Santa Clara
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Fue construido en piedra sillar, y se dispone en base a una estructura sólida y austera. Fundado por doña María Ana de Zarauz y Gamboa en 1611 quien ingresó en clausura junto a sus dos hijas. Hasta la construcción del convento entre 1618 y 1625, las monjas provenientes de Lerma se instalaron junto con doña María en el palacio de Narros. Fue el primer convento de clarisas fundado en Guipúzcoa.
Es una edificación severa de líneas, austera en el uso de materiales y con un claro predominio del muro sobre el vano en las fachadas. Responde, por tanto, a la austera simplicidad de las edificaciones franciscanas. La iglesia, levantada en 1656 por Miguel de Esnaola, es de un barroco incipiente con una construcción en piedra de sillería y estribos exteriores.
Una espadaña de tres huecos remata la fachada y hay un nicho sobre la entrada donde se sitúa la imagen de la santa. La iglesia tiene planta de cruz latina con un crucero ancho pero poco profundo. Los tres tramos de la nave y las capillas se cubren con bóvedas de medio cañón, sustentada por arcos fajones y torales de medio punto que descargan en pilastras. El crucero se cubre con una cúpula esférica que descarga en los arcos torales. La decoración se limita a unas platabandas de tipo escurialense que recorren el perímetro de la iglesia.
El acceso al presbiterio se realiza a través de una escalinata y está limitado por un gran arco moldurado. La cabecera es de traza poligonal y a sus pies se levanta el coro sobreelevado que alberga el órgano. En el interior destaca un retablo del siglo XVIII de madera policromada con bancal, cuerpo de tres calles y ático. En el centro del banco hay un ostensorio con forma de tabernáculo. Calles laterales entre columnas salomónicas que flanquean a esculturas de San José y Santa Ana y la Virgen. En la calle central hay una figura de Santa Clara. El ático semicircular se dispone sobre un entablamento partido acompañado de pinturas de ángeles a los lados y el tema del Calvario en el centro con una talla del Crucificado sobre pintura de San Juan y la Virgen. También mencionar unos pequeños retablos colaterales muy semejantes en su concepción, de inspiración algo anterior al central, finales del siglo XVII, dedicados a las figuras de la Inmaculada, San Francisco y San Antonio. Son retablos clasicistas de inspiración barroca, de pequeña factura aunque con una evidente intención dinámica por la presentación de pilastras y columnas estriadas en diferentes planos, la decoración a base relieves vegetales, festones, etc y la presencia de la policromía. En la zona inferior se colocan los altares y en el centro el sagrario. Rematan el conjunto un frontón semicircular limitado por columnas pareadas.
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