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Ermita de la Aurora
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Exteriormente el aspecto de la Capilla de la Aurora es el tradicional de las ermitas lucentinas que el presbítero y arquitecto Leonardo Antonio de Castro Hurtado prodigó abundantemente y que denotan claras influencias herrerianas pese a la pobreza de los materiales empleados. Un sencillo muro de mampostería, modernamente enlucida, con severo frontón de molduras en cuyo centro un óculo, también moldurado, da luz al coro. El paramento continúa en sentido ascendente, traspasado el frontón para culminar en otro, éste partido, en cuyo vació se alza una sencilla espadaña que alberga un solo hueco, de medio punto, para campanas, flanqueado por pilastras adosadas. El remate lo constituye un tercer frontón recto.
La puerta, de medio punto, se incluye en un simple cajeamiento de piedra con estrecha cornisa y ligero adorno en la clave.
Sobre este conjunto, en una diminuta hornacina se anuncia la titularidad del templo. La planta del edificio adopta la forma de un paralelogramo regular de eje longitudinal organizado en cinco tramos, correspondiendo el cuarto y el quinto a los espacios cubiertos por la cúpula y el presbiterio respectivamente. Los dos primeros de idéntica amplitud y el tercero, previo a la cúpula, ligeramente más alargado. Tres pares de pilastras de orden toscano rompen la planitud de los muros ascendiendo hasta la cornisa que recorre el ámbito y continuando como arcos fajones a través de la bóveda de medio cañón con lunetos cuyos vértices, muy próximos se unifican con un florón de estuco.
La media naranja de planas bandas radiales se eleva sobre pechinas decoradas con hojarascas de estuco muy carnosas que enmarcan los blasones heráldicos del Patrono de la Capilla D. José de Arjona y Hurtado.
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