
Desde Palencia por la N-611 hasta Herrera de Pisuerga, y desde allí por la C-627 hasta Cervera de Pisuerga.

Puede ser Cervera de Pisuerga, a mitad de camino entre los límites oriental y occidental de la provincia, buen lugar para partir en busca de los paisajes que ven nacer los ríos Carrión y Pisuerga. Brota el primero en el interior de un bastión montañoso, negro por el color de su piedra y temido por lo arriesgado de su ascensión, cuyo nombre, Curavacas, trae a cuento la ancestral tradición ganadera de estos lares. Nace sobre las laderas de la montaña, formando los ojos de verde intenso del Pozo de Curavacas, para resbalar por sus paredes hasta encauzarse en el largo y escondido valle de Pineda. Son, además de fuentes, el corazón del inmenso entorno natural de Fuentes Carrionas. El Pisuerga, por su parte, elige la oscuridad de la tierra, que recorre durante kilómetros, antes de echarse al mundo por la oquedad de la Cueva del Cobre, entre las laderas de la sierra de Cebollera y las caricias que le brinda la comarca palentina de Pernía.

Enclavada en el paso natural que comunica Cantabria con Palencia, Cervera de Pisuerga es el motor que da vida a este sector de la montaña. Abundan en sus calles los escudos, estandartes de la vieja hidalguía montañesa y las casonas, herencia de pasados esplendores.