Pastrana

Desde Guadalajara, por la N-320 en dirección a Cuenca. Poco antes de llegar a Alhóndiga, hay que coger el desvío por la carretera CM-200 que lleva primero a Fuentelaencina y después a Pastrana.
Pastrana es hoy una ciudad bien cuidada, mimada por sus habitantes, conscientes de que viven en una ciudad única.
Esto es algo que percibe el visitante inmediatamente cuando llega a la plaza del Déan, una recoleta plaza, pero que bate un verdadero récord de lugares monumentales y centros notables en la villa. Así, en este espacio, que debe ser uno de los primeros en visitarse, se reúnen, además de la ermita de Santa Ana y el convento de San Francisco, nada menos que la Oficina de Turismo, la casa-cuartel de la Guardia Civil, el Centro de Salud, la escuela-taller municipal (que desempeña un importante papel en la conservación de las calles y las joyas arquitectónicas de Pastrana) y el INEM, El silencio, sólo roto por el canto de los pájaros, merece ser saboreado sin prisas en alguno de los bancos de la plaza mientras se prepara el resto del paseo por el pueblo.
Hay ahora que descender hasta la plaza de la Hora, sin olvidar antes echar un vistazo al casco viejo de la ciudad desde arriba. La plaza de la Hora es uno de los centros más activos de la vida cotidiana de la ciudad, que pasó a ser de dominio castellano a raíz de la conquista de Toledo y Guadalajara por Alfonso VI hacia el año 1085.
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