
Desde Zamora, directamente por la N-122, se llega a Toro. A este municipio hay que entrar por alguna de sus dos puertas. Es la forma más hermosa de conquistar rápidamente su corazón. Por suerte para el viajero, siempre las encontrará de par en par, si se arranca por la del Arco del Reloj, la plaza Mayor, flanqueada por hermosos soportales.

Si se entra por la de Santa Catalina, levantada sobre el segundo de los recintos defensivos, más externo, el viajero se encontrará con el milenario verraco, del que muchos derivan el nombre con el que fue bautizada la ciudad. Desde esta puerta se estira la calle de Santa Catalina que enlaza con las de Rejadorada y de San Lorenzo para acabar conduciendo, también hasta la Plaza Mayor.