
Desde Soria, por la N-111 hasta Almazán y desde esta población, siguiendo la C-116, una vez pasado Fuentetovar y antes de llegar a Hortezuela, hay que coger el desvío de la carretera SO-104, que lleva a Berlanga de Duero, proseguir por la SO-152 hasta San Bautista y desviarse por una carretera local desde La Ribia de Escalote hasta acceder a Rello.

Berlanga es villa de andar despacio. Ella, por su parte, ya corrió lo suyo en el pasado: dimes y diretes, tomas y dacas, conquistas y reconquistas, con El Cid de por medio, que han dejado un saldo a su favor más que notable. Hoy, sosegada, permite que los pasos del viajero resuenen al transitar sus calles mientras le presta l tranquilidad necesario para que imagine la forma exacta de todo lo que se llevó la Historia.

Su pasado, ya se ha dicho, se tejió con los hilos de cualquier plaza fuerte. Junto a la musulmana de Gormaz y a la cristiana de San Esteba, el castillo de Berlanga estableció con ellas un trío de edificaciones militares soberbias, temibles por cristianos y musulmanes.

El nombre de Berlanga es tan antiguo que llega de su nominación romana, Augusta Valeránica, otorgada en honor al Emperador Valerio en tiempos de su sometimiento a Roma. Es a partir del siglo X cuando la prestancia de la villa gana en peso, respaldada por la notoriedad de su castillo. Una vez retenida por los cristianos, en 1080, es Alfonso VI quien se la dona, nueve años más tarde, al propio Cid mediante "juro de heredad". O lo que es lo mismo: para que fuera mantenida en los límites de su linaje sin posibilidad de venderla o darla a cambio.