Municipio de la Ribera d´Ebre, situado en la ribera derecha del Ebro, en la depresión de la cubeta de Móra. La depresión está cerrada en su parte meridional por el congosto de Miravet o Paso de Barrufemes, en el límite con el Baix Ebre. El término municipal tiene una extensión de 32,22 km². Su sector septentrional está accidentado por los contrafuertes del sudeste de la Sierra de Cavalls.

La villa está a la derecha del río, al pie de una colina de unos 100 metros de altura. En el noreste del núcleo está el barrio del "Raval dels Canterers".


La situación privilegiada de este paraje, incita a pensar que podría haber sido un asentamiento ibérico. La gran abundancia de este tipo de asentamientos, a lo largo del río, y la situación estratégica de Miravet, tanto desde el punto de vista defensivo como económico, avalan éste supuesto, si bien de momento no se han llevado a cabo actuaciones contundentes sobre los restos arqueológicos, sí que se han encontrado numerosos fragmentos de cerámica que parecen confirmarlo.

También es posible que el conjunto arquitectónico del castillo contenga restos de un antiguo "Castrum" romano. De él se pueden observar indicios en ciertas partes de sus cimientos, o restos de "opus espicatum" en las murallas. Pero lo que de hecho sí sabemos es que durante el dominio árabe, se integró en la estructura defensiva que se estableció a lo largo del Ebro, constituyendo junto con Siurana, uno de los últimos reductos del poderío islámico en tierras del Principado. Es seguramente en este periodo cuando aparece un conjunto de estructura urbana concentrado en la fortaleza con el nombre de "Murabit", de donde es originario el actual nombre de Miravet.

En el año 1153 fue conquistado por Ramón Berenguer IV, cinco años después de Tortosa, y en este mismo año, según refleja un documento fechado el 24 de agosto, el conde-rey hizo la donación del Castillo de Miravet con todos sus términos y pertenencias a la Orden de los Templarios, y más concretamente, al maestro de Provenza e Hispania Pere de la Rovira.
Esta donación, juntamente con la de otras fortalezas secundarias, convirtieron a los Templarios en prácticamente los únicos señores de toda la zona comprendida entre el Ebro y Els Algars.

La repoblación del lugar se efectuó unos años después, sin excluir a la población sarracena. De esta manera, convivieron en la villa las comunidades morisca, judía y cristiana hasta su expulsión en el siglo XVII. En el censo de 1497, después de la expulsión de los judíos había un 97% de población morisca en Miravet.

Los Templarios reconvirtieron una parte del recinto fortificado en castillo-monasterio, siguiendo el estilo románico-cisterciense, que se convirtió unas décadas más tarde en la sede de la Orden de la Corona de Aragón, con el archivo y el tesoro provincial. Desde Miravet se planearon las conquistas de Mallorca y Valencia, y salieron los mejores ejércitos del reino, como registran los documentos de la época. El 13 de diciembre de 1307, Jaume II ordenó la detención de los Templarios de su reino, según los deseos del Papa Clemente V y de Felipe IV, rey de Francia. Durante doce meses, los Templarios refugiados en el Castillo de Miravet padecieron el asedio más largo que la Orden conoció, convirtiéndose en el último reducto en la Corona, capitaneado por Fray Ramon de Saguardia y Fray Berenguer de Sant Just. El 12 de diciembre de 1307 se produjo la rendición pacífica, finalizando así todo un año de resistencia. En 1312, la Orden de la Milicia del Templo de Salomó, "los Pobres Caballeros de Cristo", se extinguió por completo, cerrando un capítulo más de la historia de occidente.

En el año 1317, con la caída del Temple, el castillo y numerosas posesiones más pasaron a manos de la Orden de los Hospitaleros, dependientes de la Castellanía de Amposta. Los Hospitaleros ordenaron la compilación del "Llibre de Costums de Miravet" (1319) en versión latina y catalana, que otorgaba una cierta autonomía a los pueblos de la castellanía. Miravet dio nombre a la Alcaldía hasta prácticamente la extinción de la Orden en 1835, pero la subida de los impuestos, y las plagas y pestes que se produjeron en las décadas siguientes, provocó un notable descenso demográfico y decadencia económica. Esto le hizo perder el protagonismo que tuvo durante el dominio Templario, hasta que se produjo la expulsión de los moriscos en el año 1613.

A pesar de todo, el Castillo de Miravet continuó teniendo importancia, sobre todo durante las sucesivas guerras que tuvieron lugar en el Principado, y en especial, en la del año 1640, que comportó un aumento de población considerable, provocado en buena parte por la misma población huida años atrás hacia Valencia y Aragón. La recuperación de la industria artesana, sobre todo los oficios de canteros, y la venta de sus productos río arriba por todo Aragón, siguiendo la tradición de los siglos anteriores, dio un nuevo aire a la población que no se vio afectada hasta la Guerra de Sucesión de Felipe V, en 1714, y la desmantelación y orden de destronamiento de Carlos III, en 1750. Aún así, todavía sirvió durante las Guerras Carlinas en el siglo XIX. Después de la Desamortización de Mendizábal, los Carlistas reconstruyeron en parte el castillo, y lo ocuparon hasta 1875, cuando el General Martínez Campos lo bombardeó y conquistó.

La Villa y el castillo volvieron a sufrir las consecuencias bélicas de la Guerra Civil española de 1936, especialmente en el año 39 durante el tiempo en que se decidió la Batalla del Ebro.

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