El Pedregal

Qué ver en El Pedregal

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Este pueblo que da nombre a toda una sesma es hoy un curioso entorno de historias y elementos que bien merecen hacer una visita hasta su remoto enclave. Fue levantado en los momentos de la repoblación; con gentes autóctonas y otras venidas de Castilla fue repoblado. La existencia de población en su término está confirmada desde la época prehistórica, pues en los lugares denominados ?la Jaquesa? y ?hostal de Mañas? se han encontrado elocuentes restos arqueológicos de la Edad del Hierro. Dice la tradición que por estos lugares cruzó el Cid Campeador, a finales del siglo XI, en su camino del destierro hacia Valencia. En 1165 quedó incluida esta aldea en el Común de Villa y Tierra de Molina, y señorío de los Lara, según aparece en el Fuero dado al territorio por el Conde D. Manrique. En el siglo XIV aparece la parroquia de El Pedregal entre las que el obispado de Sigüenza regía. Poco después, a mediados de dicha centuria, las divisio-nes y guerras durísimas entre Castilla y Aragón, hicieron que este pueblo quedara vacío y abandonado, lo mismo que ocurrió con otros de las sesmas del Sabinar y el Campo en este Señorío (Campillo de Dueñas, Fuentelsaz, Guisema, Embid, etc.). Su territorio fue agregado, al considerarse yermo o despoblado, al Común del Señorío. Pero siglos adelante, diversos colonos fueron asentándo-se sobre las ruinas antiguas, en torno a la viejísima iglesia. Y en 1735 se considera que ya estaba cimentada realmente esta repoblación, añadiéndose familias a lo largo de ese siglo XVIII. A comienzos del siglo XIX, se falló el largo contencioso entre los vecinos de El Pedregal y el Común de Molina, quedando el pueblo como Concejo propio, y dependiente en lo jurisdiccional del Rey.

El caserío entero es de construcción moderna y sin interés arquitectónico. Calles amplias y espacios abiertos. Se preside el pueblo por su iglesia parroquial, obra también moderna, pues a finales del siglo pasado, y ante el evidente peligro de hundimiento del antiguo templo, se iniciaron gestiones para levantar uno nuevo y moderno. El arquitecto del obispado trazó el proyecto y dirigió las obras, que acabaron en 1897. Un siglo justo, pues, cuenta el templo de El Pedregal. El edificio muestra una fachada en la que resalta puerta central con arco muy apuntado, dos arquerías ciegas del mismo estilo, y una torre con campanario, de picudo remate, todo ello en un sencillo eclecticismo gotizante muy propio de la época. El interior es de una sola nave, con coro alto a los pies, y presbiterio semicircu-lar en la cabecera. Algunos retablos proceden de la antigua iglesia, y son barrocos, sin interés. La mayoría son obras modernas, exentas de carácter artístico. Son varios los pairones distribuidos por los caminos y encrucijadas del término. El más antiguo es el de San Pedro, todo él de piedra sillar, y está situado en el camino de Setiles. No podemos olvidar aquí la referencia a uno de los hijos ilustres de El Pedregal, don Juan José lópez Beltrán, quien escribió y en 1980 publicó un libro titulado ?Síntesis histórica de mi tierra, Señorío de Molina y sus sexmas, y pueblo de El Pedregal? en el que con pormenor se narra la historia y avatares de este lugar.

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