Argecilla

Qué ver en Argecilla

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Foto: or_chano Panoramio

Sobre la empinada ladera septentrional que escolta al ya por aquí profundo valle del río Badiel, asienta el pueblo de Argecilla. El río Badiel, que avanza desde varios kilómetros arriba, ahondando un vallejo que surgió de la meseta alcarreña, va formando un magnífico valle de suaves y altas laderas cubiertas de vegetación de monte bajo y algunos olivares, mientras el fondo es utilizado para el regadío y el secano. Vía de antiguas civilizaciones y de transmisión de cultura, en sus orillas asentaron dos importantes monasterios de origen medieval: el de Sopetrán, de monjes benedictinos, y el de Valfermoso, de monjas de la misma orden. Múltiples pueblos conforman su paisaje, que es uno de los más claros y hermosos exponentes de lo genuinamente alcarreño.

El valle de Badiel, en las proximidades de Argecilla, debió estar poblado en antiguas épocas prehistóricas. Ya en el siglo pasado, excavaciones de aficionados pusieron al descubierto curiosos objetos del Neolítico, entre ellos una cuña transformada en amuleto, de jadeíta verde - azulada, translúcida en su borde afilado, así como restos de poblado de esa época.

Muy posiblemente ocupada por los árabes durante su larga estancia en Iberia, ellos debieron asignarla nombre. Ya después de la reconquista, en los finales del siglo XI, quedó en la Tierra de Atienza, rigiéndose por su Fuero y dentro de la directa autoridad real, de la que se transmitió por donación a comienzos del siglo XIV, a don Ruy Pérez de Atienza, Canciller de Castilla, el que puede considerarse primer señor feudal de Argecilla.

Pasó después al poderoso magnate alcarreño don Iñigo López de Orozco, y de éste, en 1375, a su hija doña Teresa López, que estuvo casada, en segundas nupcias, con don Pero González de Mendoza, quien en 1380 fundó mayorazgo, en el que incluyó Argecilla, dejándoselo todo a su hijo don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla. En 1404 pasó a la hija de éste, doña Aldonza de Mendoza y al fin vino a dar a su hermanastro don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, quien se lo deja a su hijo Pedro González, el que fue gran cardenal de España. En su segundo hijo, don Diego de Mendoza, conde de Mélito y duque de Francavila, quedó Argecilla. Casó éste con doña Ana de la Cerda, señora de Pastrana. Les heredó su hija doña Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, que casó con Ruy Gómez de Silva, gran privado del rey Felipe II, quien le otorgó el título de duques de Pastrana.

En esta rama mendocina--los Silva y Mendoza--quedó Argecilla. Don Rodrigo de Silva y Mendoza, segundo duque de Pastrana, fue nombrado primer marqués de Argecilla. Muy encariñado con la villa, su descendiente don Diego de Mendoza y Silva, cuarto duque de Pastrana y tercer marqués de Argecilla, en el siglo XVII se encargó de levantar la iglesia parroquial y adornarla con sus escudos y nombre, añadiendo un palacio en la villa. En el marquesado de Argecilla que fue creado a comienzos del siglo XVII, y aún estando unido a los estados del duque de Pastrana, se incluyeron estos pueblos y lugares:
Argecilla, Palazuelos y Carabias, Tamajón y Sacedoncillo, Castejón, Almadrones, Ledanca, Cogollor, Hontanares, Villanueva de Argecilla, Cutamilla, Henarejos, Retuerta y Sarracines. En el señorío de los Silva y Mendoza, luego ya emparentados con los duques del Infantado y, finalmente, con los de Osuna, quedó Argecilla hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.

El caserío de Argecilla sorprende al visitante por su curioso urbanismo y la originalidad de la disposición de sus casas, que andan como colgadas de la montaña, en perpetuo equilibrio. Son la mayoría de sillarejo en su planta baja, y de entramados de madera con rellenos de adobe en la superior, teniendo cubierta de teja a dos o a una vertiente. Por debajo de algunas de ellas pasan canalizados los arroyos que descienden impetuosos del monte, y por las calles se ven canales, puentecillos y conducciones para dar paso a este agua, que es muy abundante por todas partes.

La iglesia parroquial dedicada a San Miguel Arcángel es un bello ejemplar de comienzos del siglo XVII, homogéneamente construido en un estilo sobriamente clásico. La portada, a mediodía, es de sencillo estilo jónico, con arco semicircular; el ábside se refuerza con contrafuertes, y en él aparecen algunos ventanales de elegante sencillez. El interior es de tres naves, con planta cruciforme, separadas por pilares que rematan en sencillas molduras y arcos apuntados de separación. Sobre los pilares del crucero, aparecen grandes escudos tallados en piedra, correspondientes a los magnates constructores. En uno de ellos se ve el león rampante bajo corona ducal, y esta frase: -Catherina de Silva Dux Francavile-, y enfrente el blasón de los Mendozas y esta leyenda: -Didacvs Dux Fracavile-. Como frontal del altar mayor, aparece una gran lápida tallada en piedra con múltiples labores de grutescos y en el centro el escudo de Silva y Mendoza.

Sólo quedan mínimos restos del púlpito renacentista, que en alabastro tallado hizo en 1545 un tal Rojas por encargo del cura y canónigo Juan Fernández del Castillo. De los altares con pinturas y esculturas que los señores de Argecilla mandaron poner en los muros de este templo, ya nada queda.

Destacan también en el pueblo algunas casonas nobles. Así, en la plaza mayor preside el recio caserón que fue de los marqueses de Argecilla y duque de Pastrana, obra del siglo XVII o algo posterior, con portada de piedra adornada de algunos elementos de almohadillado y cenefas vegetales. Existen otros ejemplos de casonas nobiliarias, algunas con escudo en sus muros. Una de ellas muestra en sus cuarteles una cruza, un castillo, una flor de lis y una banda entre bocas de dragones, rodeado todo de retorcido pergamino y rematado en celada con lambrequines, al que acompaña esta frase -Quien se umilla es ensalzado- y la fecha 1596, correspondiendo a algún hidalgo de los varios que habitaron el pueblo a partir de esa época.

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