Somontin

Qué ver en Somontin

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Foto: Juan Lax Panoramio

Somontín es un municipio de la provincia de Almería. Desde la carretera de las canteras de Macael se vislumbran, a lo lejos, recostados en las estribaciones de la Sierra de las Estancias, alineados y muy juntos, los pueblos de Lúcar y Urrácal que envuelven, como en un abrazo, a Somontín, situado en el centro como si de la niña mimada se tratase. Estos tres pueblos se encuentran actualmente unidos por una carretera local que elimina la gran distancia que antes los separaba ya que era obligado bajar hasta la carretera comarcal y luego volver a subir, realizando varios absurdos kilómetros con una innecesaria pérdida de tiempo. Esta nueva vía de comunicación, sueño de nuestros mayores que la concebían como algo casi imposible, atraviesa antiguas huertas y sigue parte del camino que antes utilizaban sólo peatones y caballerías y que gozaba de una gran animación cuando todos los cortijos y molinos estaban habitados y el ir y venir de niños, jóvenes y mayores era permanente, así como el tránsito hacia el mercado de Tíjola el sábado, día de su mercado, parecía una especie de fiesta o excursión hacia esta localidad. Esta vía de comunicación y una nueva, abierta y moderna mentalidad de sus habitantes hacen que las rencillas y la rivalidad que existió en tiempos pasados entre Urrácal y Somontín se haya tornado en amistad, simpatía y cooperación que tienen su mejor reflejo en los actos sociales, alegres o luctuosos, que acontecen en urna u otra localidad. Las "batallas", a veces hasta con arma pétrea, de nuestra infancia en el barranco de Macián, límite de ambos pueblos, se ha convertido en apoyo desinteresado de aquellos niños, hoy ya adultos, muchos de ellos compañeros de las más diversas profesiones.

Somontín, de tortuoso acceso por la pendiente del terreno y su altitud de ochocientos trece metros sobre el nivel del mar, merece una visita detenida y sin prisas. Sus calles, bien asfaltadas, y sus casas, lo mayoría encaladas, nos trasladarían a los pueblos de las Alpujarras, si en sus ventanas y balcones abundaran las flores y macetas y la parte posterior de las nuevas casas también fueran blanqueadas. Sus apenas quinientos habitantes llegó a los 1.300 a principios de siglo– hacen agradable la visita a todo el que se acerca al pueblo ya que la amabilidad y simpatía de los somontineros es el estandarte y orgullo de ellos. Su fama de acogedores es conocida por todos. Si es verano, el fresquito corre por los caños y álamos de la entrada, donde personas de diferentes edades juegan a las cartas o al dominó, saboreando el vinillo del país acompañado de alguna patata, trozo de conejo, pimiento o tomate, criados todavía con el esmero y sentido ecológico de nuestros abuelos, aunque la agricultura, base de su economía de la industria del talco ya hablaremos hasta los años setenta, se encuentra hoy casi abandonada, a pesar de los tímidos intentos de algunas personas por plantar almendros y olivos

Este sentido hospitalario está muy unido con el orgullo que ellos sienten por sus paisanos, máxime militares o guardias civiles, tan numerosos que están en vías de constituir una Hermandad de la Virgen del Pilar, y algunos con elevada graduación, como el General de Estado Mayor, Carlos Acosta García, y su hermano Pedro, General de Infanteria. Ambos fueron Gobernadores Militares de Ceuta y Melilla, respectivamente. Igualmente, su sentido religioso se hace patente en la veneración que profesan a su Virgen de los Dolores, talla en madera de un gran valor artístico ya que es obra del escultor murciano Salcillo y a su patrón San Sebastián –su ermita situada en el Barrio Santo es lugar de oración–, cuya fiesta se celebra el veinte de enero. Durante la procesión, después de la misa, celebrada en su coqueta iglesia, –es una pena que su artístico artesonado se perdiera al derrumbarse la techumbre del templo hace unos años– , en la Plaza del Santo, las personas que han realizado alguna promesa y los mayordomos pasean la rosca al son de los tambores. El paseo consiste en llevar la rosca de pan, adornada con flores, y acompañados del redoble de los tambores, hasta llegar al Santo, donde respetuosamente se hace una reverencia y se vuelve sobre sus pasos, siempre sin perderle la cara al Santo. Por la noche se tiran carretillas. También algunos años se representan los Moros y Cristianos. La Semana Santa se celebra con gran recogimiento y termina con la quema del Judas, muñeco de esparto y matorral seco, colgado en lo alto del madero más largo que los jóvenes encuentran y que preparan la víspera. Es una especie de juerga que la juventud organiza y que está generalizada en muchos de estos pueblos. Figura destacada en el mundo eclesiástico fue Emilio Jiménez Pérez, consagrado como Obispo en la catedral de Almería por el Nuncio Ragonesi el siete de abril de 1918.

Paseando por los rincones de este pueblo, nos sorprenden vestigios de un rico pasado artístico, como los emporchados de la época de los moriscos en la Plaza de la Constitución o el escudo de la Santa Inquisición con caracteres del siglo XVIII en la fachada de una vivienda de la calle Iglesia (la Placeta). A nosotros nos gusta finalizar el recorrido en el denominado por nuestro Villaespesa "Balcón del Almanzora". Es un mirador privilegiado que nos permite divisar los pueblos de la cuenca del Almanzora, desde Serón a Cantoria. Allí, junto a la Iglesia y al lado del desaparecido antiguo buzón de correos de tantos recuerdos para la familia del tío Joaquín, en las tardes de verano o en las mañanas de invierno es un placer charlar con los amigos, comentar los avatares del día a día o de la jornada y recordar la historia y la geografía de nuestros pueblos vecinos. Esperamos que el entorno de este lugar, único por su situación, sea el adecuado y la prometida remodelación sea pronto una realidad para el disfrute de los somontineros y de todos aquellos que, como visitantes, con frecuencia pasan por allí.

Somontín, aparte de la pequeña agricultura de tipo familiar, cuenta, en la actualidad, con una importante ganadería caprina y ovina, así como con una granja avícola. Pero hablar de la economía de este pueblo es sinónimo de industria, pero, desgraciadamente, del pasado. Nos referimos al esplendor que tuvieron sus minas de talco, denominado por el pueblo "jaboncillo" o piedra de sastre. El talco ha sido, efectivamente, durante un siglo la principal fuente de riqueza de Somontín ya que en 1848 el diccionario de Madoz cita la existencia de estas minas, cuya explotación se ha realizado de forma anárquica y con graves riesgos, dificultades y penalidades de los mineros que sufrían lo indecible ya que las galerías eran muy estrechas, apenas reforzadas y sin una dirección que controlara la red de galerías y los pozos de acceso. Todo ello debido a que la extracción se realizaba por grupos de vecinos que adquirían el derecho de explotación, cedido en arrendamiento por el Ayuntamiento, propietario del subsuelo y los terrenos de la demarcación minera, con el nombre del patrón, San Sebastián, que ocupa cien hectáreas. Después vendían libremente el producto extraído al comprador que mejor oferta presentase, comprometiéndose éste a abonar una tasa o canon al Ayuntamiento que con estos ingresos podía atender sus presupuestos municipales sin tener que gravar con impuestos a los vecinos. Largas recuas de asnos y mulas con arrieros de los pueblos de la zona transportaban el material a la estación de Purchena para su tratamiento industrial en las fábricas allí existentes –hasta cinco en 1942– trasladándolo, posteriormente, al puerto de Águilas por el ferrocarril Lorca-Baza, fecha simbólica, ésta de 1942, que. marca el momento de mayor producción, cerca de 8.000 Tm., representando el 45% del total nacional de este mineral. Sobra comentar la repercusión económica que estas minas tuvieron para la comarca. Lamentablemente, a principios de los años sesenta, esta actividad extractiva entró en crisis por agotamiento de los filones y, sobre todo, por los problemas de inundación de los trabajos ocasionada por las bolsadas de aguas subterráneas debidas a falta de infraestructura y de previsiones técnicas. Esta considerable reducción de su actividad provocó la emigración de muchos trabajadores hacia Cataluña, Andorra, Francia, Alemania, etc., emigración sólo paliada en parte por la cercanía de la industria del mármol en torno al eje Olula del Río-Macael y, al mismo tiempo, el masivo ingreso de jóvenes en el Cuerpo de la Guardia Civil, aspecto ya reseñado en líneas precedentes.

A pesar de la reducida extensión y de las características propias de este articulo, no debemos finalizarlo sin unas breves pinceladas a la larga e interesante historia de este pueblo, cuyos orígenes se remontan al siglo Il de la Era Cristiana, estando situado un kilómetro más al sur del asentamiento actual entre el cortijo Oradán y Macián, según estudios del profesor José Diego García Guirao. Con la invasión árabe el pueblo se asienta en siu actual enclave por su fácil defensa, difícil acceso y proximidad de manantiales de agua. Durante la Alta Edad Media fue cabeza de partido del alto y medio Almanzora hasta que la administración nazarí hacia 1140, la cambió por Purchena.

Parece que el suelo de Somontín tuvo el honor de recibir los pasos de Miguel de Cervantes en 1594 como recaudador de impuestos. De ello no teniemos seguridad, pero sí lo tenemos de ese hombre popular y conocido en toda la comarca, Benigno, que paseó su mágico acordeón por cortijos, anejos y pueblos, alegrando con su música a muchos y enredando y desenredando amores y amoríos en plazas y rincones de la geografía de nuestro entrañable Almanzora.

Contemplar de nuevo el paso de los sacos de talco, escuchar los sonidos de algún acordeón y rememorar las tradiciones de Somontín desde su remozado balcón: ¿Sueño o realidad?

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Opiniones sobre Somontin

SOMONTIN ES UN PUEBLO PINTORESCO Y ACOGEDOR, AL QUE SIEMPRE QUIERO VOLVER.
ES EL PUEBLO DE MIS ANTEPASADOS POR PARTE DE PADRE Y ALLÍ VOY SIEMPRE QUE PUEDO A CASA DE FAMILIARES CON LOS QUE TENGO CONTACTO. MERECE LA PENA CONOCER SOMONTÍN. DISFRUTAR DE SU CIELO AZUL LIMPIO, DE SUS GENTES, DE LA PAZ Y LA ALEGRÍA QUE DA OIR A LA NATURALEZA CON EL CANTO DE LOS PÁJAROS O EL PASO DEL AGUA EN LOS PARTIDORES A LA ENTRADA DEL PUEBLO, MIENTRAS TE TOMAS UNA TAPA EN EL BAR, A LA SOMBRA DE UN ARBOL SEGURAMENTE CENTENARIO. LUEGO COMPRAS UNOS DULCES RIQUÍSIMOS QUE HACEN EN LA PANADERÍA-HORNO, PASEAS POR SUS CALLES, PRECIOSAS, COMPRAS RIQUÍSIMOS EMBUTIDOS HECHOS ALLÍ, EN LA TIENDA DEL PUEBLO, SUBES HASTA LAS ALMENAS DE SU IGLESIA, DESDE DONDE SE PUEDE CONTEMPLAR LA MEJOR VISTA DEL VALLE DEL ALMANZORA, QUE ES UNA MARAVILLA. LUEGO SI TIENES FE SEGURO QUE TE DAN GANAS DE ENTRAR EN LA IGLESIA Y DAR GRACIAS A DIOS POR QUE TE HA PERMITIDO ESTE DÍA MARAVILLOSO EN UN RINCON MARAVILLOSO Y ÚNICO COMO ES SOMONTÍN.
21/08/2009 09:35

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