El municipio de Moaña está situado en el centro oeste de la provincia de Pontevedra. Pertenece a la comarca de O Morrazo.
La zona más montañosa se sitúa en el noreste del término municipal debido a que aquí se localiza el final de la sierra de Domaio. La cima más elevada es el Faro de Domaio con 624 metros. Cuanto más hacia el occidente, la cota disminuye hasta llegar a las tierras más próximas al mar, que se caracterizan por presentar un territorio marcado por los pequeños montes.
En las tierras más elevadas (como en el Faro de Domaio y Chan da Gola) nacen los numerosos ríos y arroyos que recorren el territorio. Los más destacados son el Fraga, el Faro y el río Muíño. Todos ellos vierten sus aguas en la ría de Vigo.
Su localización y la morfología hacen que los vientos fríos del norte no tengan demasiada repercusión climática en estas tierras. Tienen un clima oceánico con una fuerte humedad debido a los vientos del suroeste que traen las lluvias (con precipitaciones de 1300 a 1500 mm.). Las temperaturas son suaves tanto en los meses de invierno como en los de verano, con una temperatura media anual de 15 grados.
La historia de este término municipal está vinculada al resto de la península de O Morrazo, a los valles de Fragoso y Soutomaior y, sobre todo, al mar.
Los vestigios que se encontraron son prueba de que este territorio ha estado habitado desde el paleolítico. Entre esos hallazgos, los más importantes son los petroglifos de Meira y los restos arqueológicos de Faro de Domaio.
Estas tierras sufrieron los constantes ataques e invasiones de piratas durante los siglos XI y XII. El ataque que dejó una profunda huella en los habitantes de este territorio fue el de los piratas turcos en 1617 al arrasar la parroquia de Domaio.
En la época medieval, la parroquia de Tirán estaba bajo la jurisdicción de la Casa de Soutomaior, mientras que la de Meira dependía de la de Valladares.
Pero el acontecimiento histórico que más prestigio les dio a los habitantes de este ayuntamiento fue la batalla del Puente de Rande, que tuvo lugar en el año 1702 contra los ingleses.
Los restos arqueológicos que se han encontrado en el municipio son un buen punto de partida para quien visite estas tierras y tenga un poco de interés en la historia del municipio y en las antiguas culturas que las pisaron. Así, en casi todas las parroquias encontramos petroglifos y grabados rupestres. Otros restos son los de los yacimientos de Means, Rega Pequena, Torre de Meira y Pozo Garrido, el dolmen de Chan de Arquiña y los castros del Monte Alegre en Domaio, de la Devesa de O Mouro, el de los Remedios y el de las Cidades. De la Edad de Bronce tenemos la espada agárica de Meira y las fosas funerarias de Casal.
Por lo que respecta a la arquitectura de carácter religioso debemos destacar la iglesia de San Martiño, de estilo románico y con una hermosa y decorada fachada.
Pero el mayor atractivo turístico del ayuntamiento se encuentra en sus playas, en los miradores y en los parajes naturales acondicionados para el entretenimiento del turista.
Las actividades que se pueden realizar en el ayuntamiento, tanto culturales como deportivas, son muy variadas. Para los que prefieran pasar un momento de tranquilidad pueden optar por ir por los numerosos miradores naturales (Monte Jaján, el de Fraga, el del Monte da Pena) que permiten divisar vistas panorámicas de una extraordinaria belleza como puede ser la vista de la ría de Vigo con las islas Cíes, paisajes montañosos, el Puente de Rande…
Las áreas recreativas de las que dispone el ayuntamiento están muy bien acondicionadas. Son de Chan de Arquiña, la del monte Paralaia y las instalaciones deportivas del Beque, en el lugar llamado A Fraga. También dispone de un campo de golf en Domaio.
En los meses de verano las playas son los lugares más solicitados por los turistas: Canabal, Niño do Corvo, Vilela, Tirán. La pesca marina es otra de las actividades que se pueden practicar en este municipio..
El curioso de la historia podrá entretenerse con los abundantes restos arqueológicos que acreditan el asentamiento humano desde tiempos remotos: el Menhir da Lap a, pieza única en este tipo de monumentos, la estatua-menhir ‘Cara de San Pedro’ y el campo de mámoa de Deitadeiro nos hablan de la fuerte incidencia de la cultura megalítica en estas tierras. Son destacables también los petroglifos del monte Laceira y Chan de Deus, de factura muy peculiar, en la Sierra de Ardegán.
Numerosos son también los castros, ofreciendo gran interés el de Cernadas, el del Monte Castelo, el castro de Gargantáns y más que ninguno el esbelto y monumental castro de Rebón, uno de los de mejor trazado que se pueda encontrar.
La incidencia del arte románico se muestra en dos hermosos ejemplares: la iglesia de San Pedro de Rebón y la de San Martiño de Gargantáns, con sus ábsides perfectamente conservados. Hermosas casas hidalgas como el Pazo da Buzaca, el Pazo de San Roque o Toxeiriña, y las casas blasonadas de Rial, A Rapeira, Sorrego, son buenas muestras de arquitectura señorial. Un oficio que tradicionalmente tuvo un profundo arraigo en este municipio, el de los canteros, dejó prueba de su gusto artístico en un buen número (cerca de cuarenta) de cruceros en las encrucijadas o cruces de caminos.
Moraña ofrece un amplio abanico de atractivos con los que satisfacer el interés de todo tipo de visitantes. El amante de la naturaleza encontrará espacios naturales y hermosos paisajes formados por fragas, recorridas por riachuelos llenos de truchas y anguilas. El senderismo es el gran añadido que ofrecen estos parajes. Un paseo por la orilla del río Umia, un baño o una comida en la playa fluvial de A Pontenova, son hechos que nunca se podrán olvidar por el encanto que ofrecen. Espléndidas panorámicas que llegan al Océano Atlántico, se pueden divisar desde los miradores de Monte Acibal, Sierra de Ardegán y Pena Canxeira.