Me ha encantado esta ciudad levantina.
Limpia como los chorros del oro.
Eso sí, en las dos horas que estuve paseando por sus calles, nadie respetó los semáforos en rojo.
El centro, estupendo para pasear: el Fadrí, la catedral, la lonja, el ayuntamiento, el paseo Rinbalata con su monumental farola y monumento a la libertad...