MONTSERRAT..
Una aureola gigante
disfrazadita de sierra,
da esplendor a su imagen,
sobre divina cabeza.
Del cielo cuelgan las flores
y hasta él trepa la hiedra
y en ese punto preciso,
meridiano en la ladera,
bajo la roca más vieja
se arropa la negra cueva.
La Virgen entretiene al niño,
para evitar que saliera,
que abajo va el Llobregar
con las aguas muy revueltas
y, arriba, tres nubarrones
se posan sobre las peñas.
Hoy, más que nunca, a mi pecho
le sabe a tierra esta tierra.
Con infinita humildad
besa ni alma las piedras.
Corazón, ¡jamás te pares...!
Montserrat, ¡jamás te duermas...!