El pueblo es muy tranquilo, es el más pequeño de la Comunidad de Madrid. La casa se ve que está hecha con mimo, madera, lucecitas en las ventanas... Las habitaciones son muy acogedoras y calentitas. El spa es de uso individual y guiado. La comida, casera, muy rica. El trato, estupendo. El entorno, lleno de cosas que ver, la Sierra Norte es preciosa.