Después de 2 años y medio éste tocó volver. Siempre íbamos el puente de la Consti, pero el viaje desde Barna necesita que sea laaargo y no siempre es así. Esta vez fuimos en verano. Lo encontramos todo tan bien como lo recordábamos: la casita (siempre nos alojamos los cuatro en ella), el comedor-lareira, el porche (que por fin pudimos aprovechar, en invierno...), los desayunos (con su zumo recién exprimido, las tostadas y los pasteles de Lucinda, uno distinto cada día; aparte de todo lo demás, claro: fiambre, repostería, lácteos, ...), las cenas (espectacular tortilla de patatas-queso-chorizo, impresionante pulpo, ...). Alguna novedad: el jacuzzi-sauna! (por fin la compañía eléctrica hizo lo que le tocaba). Y por supuesto el verano gallego, un paraíso después de tres semanas de bochorno mediterráneo.
Pero lo mejor de todo son sus propietarios. Lucinda y José Manuel consiguen que te sientas verdaderamente A GUSTO. Cordiales, atentos, pendientes de todo pero sin agobiar.
Hasta pronto!