
Forma del viacrucís celebrado en Magacela, una recreación casi real de la subida en Jerusalem hasta el Calvario.
Cuando caé la noche, comienza un bello descenso iluminando las faldas de la fortaleza con innumerables antorchas encendidas que los fieles portan en sus manos para acompañar el paso del Santo Entierro que es llevado a hombros.
Esta procesión es conocida aquí como "de las antorchas" por la bella estampa que se crean los resplandores de la luz al chocar con las piedras centenarias de las paredes de la fortaleza.
Se suele descender en procesión por un sitio distinto al que se ha utilizado para subir. El silencio orante continúa por el recorrido que marca la luz de las antorchas.
Queda otro momento importante en este desfile procesional, un encuentro cargado de significado cuando la Virgen de la Soledad aparece por las puertas de la Ermita de San Antonio y se une a la procesión.
Se juntan la Madre, con el sufrimiento, y el Hijo, que yace muerto, hasta la parroquia.
La noche permanece cuando las antorchas se apagan y esperan el lucernario que abrirá la noche pascual.
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