
Las manifestaciones de la Semana Santa de Valladolid y su provincia tienen una gran antigüedad. El desarrollo de las procesiones se afirma durante el siglo XVI pero tiene en el siguiente su momento de mayor relieve. En el siglo XX revitalizan las celebraciones de la Semana Santa en toda la provincia.
Valladolid, capital, tuvo siempre unas celebraciones muy destacadas, como testimonian distintos viajeros. Cuando a principios del siglo XVII escribe el portugués Tomé Pinheiro da Veiga sobre la Semana Santa vallisoletana elogia su importancia y dice que sus pasos procesionales "son los mejores que hay en Castilla, por la proporción de los cuerpos, hermosura de los rostros y aderezo de las figuras... añadiendo que "no vi figuras ni imágenes más perfectas, ni en nuestros altares más nombrados de Portugal". Tal importancia alcanzaron las cofradías que desde el siglo XVI construyeron sus propios edificios, con capillas para el culto y salas para guardar los pasos. Continúa aún la vida de las iglesias penitenciales de la Vera Cruz, de las Angustias, y de Jesús Nazareno, que son lugar de obligada visita.
Durante los actos que se celebran en la Semana Santa se suceden un sinnúmero de procesiones, que recorren distintas partes de la ciudad, en momentos diversos, pues salen mañana, tarde o noche, caracterizándose por cierta sobriedad y recogimiento.
Una de las manifestaciones iniciales es la Procesión de las Palmas, del Domingo de Ramos, cuyo paso de la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es el único paso conservado de cartón y lino, el material que originalmente predominaba en la imaginaría procesional.
De singular interés resulta la Procesión del Encuentro de la Virgen con su Hijo, el martes, en la que intervienen las imágenes de Cristo camino del Calvario, atribuído a Pedro de la Cuadra (1600-1620) y la Virgen de las Angustias de Juan de Juni (c. 1660); tiene lugar ante la fachada renacentista del célebre Colegio Mayor de Santa Cruz. De la capilla de este centro sale en la mañana del jueves la Procesión del Santísimo Cristo de la Luz, en la que la hermandad de universitarios lleva al impresionante Crucificado (c. 1630) de Gregorio Fernández hasta la Universidad y la Catedral.
Es el Viernes Santo, cuando aparece el máximo explendor en las manifestaciones de la Semana Santa vallisoletana.
Concluyen las celebraciones con la Procesión del Encuentro de Jesús Resucitado con la Virgen de la Alegría que recorre la ciudad durante la mañana del Domingo de Resurrección.
Reiteramos que uno de los mayores valores de las procesiones vallisoletanas reside en la importancia de la imaginaría de sus pasos.
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