
En ellas se recupera una antigua tradición arraigada en muchas zonas rurales de la región, en la que familias enteras se reunían en torno a una mesa para sacrificar un cerdo.
Este ritual ancestral, en el que se elaboraban artesanalmente jamones, morcillas, chorizos, lomos y demás embutidos era, a su vez, una jornada de convivencia y hermandad. Todo este proceso es comentado y explicado a los visitantes que se acercan hasta la localidad.
Tras la matanza y una visita al Museo del Cerdo, comienza una comida elaborada a base de carne de cerdo y sus múltiples derivados. Grupos folclóricos, gaiteros y diversos personajes amenizan la jornada.
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