Mayo 2008
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El municipio de Oia es uno de los pocos lugares donde aún se celebran los curros o rapa das bestas, una de las más vistosas celebraciones ancestrales gallegas. Allí se marcan cada año los miles de caballos salvajes que campan en las laderas de la sierra de A Groba. Aunque viven libremente, los caballos pertenecen a las comunidades vecinales de montes.
Algunos de los petroglifos encontrados en la zona atestiguan la presencia de estos animales hace cinco mil años. En recuerdo a eso, los dibujos de los hierros son similares a los grabados por sus antepasados sobre las rocas.
El día grande de esta fiesta es el domingo. Ese día, a media mañana, los ganade- ros bajan a las manadas de caballos desde el monte hacia el curro (el corral). Una vez aquí se separa a los animales para marcarlos. Para ello, los bestalleiros se abalanzan sobre ellos y los derriban: los potros nacidos durante el año se marcan con un hierro candente y a las yeguas se les cortan las crines. Las yeguas preñadas, las crías y los caballos vendidos o destinados a trabajar en labores agrícolas se conducen a otros curros.
Esta espectacular celebración está teñida de un aire festivo, y es común que junto a los curros haya puestos donde degustar pan de maíz, pulpo, vino y empanada, tan típicos en las romerías gallegas. |