
Tras una ceremonia religiosa, la cofradía, que tiene su sede en San Miguel, lleva en procesión al niño alrededor de la iglesia bailándolo al ritmo de un villancico medieval que relata desde las profecías hasta los acontecimientos que rodearon al nacimiento de Jesús. Siguiendo la tradición de los bautizos, la madrina tira desde un balcón caramelos y monedas a los asistentes.
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