
La fiesta de Moros y Cristianos se ha convertido en una de las más representativas de la vida social alicantina, consiguiendo ser, en conjunto, una atractiva mezcla de religiosidad, estricta etiqueta y controlado festival callejero. En tierras alicantinas es el modelo alcoyano el que se ha impuesto como más representativo e imitado -línea argumental, forma de desfilar, boato,...-, aunque cada población haya estructurado la fiesta con ciertos aderezos que les diferencian y definen.
La amistad es un componente esencial. Sin ese espíritu de camaradería la fiesta no existiría. Si tiene la suerte de que alguien le introduzca en un cuartel o en una kábila -muchos de ellos son de acceso restringido- le tratarán como si le conocieran de toda la vida. Pero, para evitarse algunos disgustillos, es conveniente saber algunas reglas que, si se infringen, notará que no hace ninguna gracia:
- el traje no es un disfraz; la fiesta no tiene nada que ver con los carnavales,
- la fiesta, pese a su carácter divertido, es algo muy serio.
Aunque tenga cada una sus peculiaridades, en toda fiesta hay una secuencia que suele estar estructurada en tres días. El primero dedicado a los desfiles, donde se presentan al público las huestes "contendientes"; el segundo, día religioso, se dedica al patrón, con misa, procesión y desfiles; el tercero es el gran día festero, con embajadas y escenificación de la rendición mora, las batallas con un castillo como fondo y el alarde o Algarabía de disparos para regocijo de todos.
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