En esta fiesta aparecen los currumaches y la vaquilla, personajes interpretados por los quintos y que se adjudican mediante sorteo, y los vaqueros encarnados por los mozos que serán quintos el año siguiente.
El día de San Sebastian todos ellos recorren el pueblo, chasqueando sus ondas, haciendo sonar cascabeles y cenecerros y embistiendo con el armazon de madera cuidadosamente adornado.
Cuando anochece suenan dos disparos que indican la muerte del animal, acto seguido todos los vecinos recogen su correspondiente pan de anís, que es repartido por unos de sus paisanos.
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