Cuenta la voz popular que corría el año 1630 cuando una tormenta sorprendió a un pastor en la Peña de los Halcones y que, atemorizado, pidió auxilio a la Virgen.
Pasado el peligro, lo primero que vio fue la imagen resplandeciente de la Virgen de la Cabeza sobre una roca. Aprovechando la ausencia del pastor, que había ido a Cazorla para dar cuenta del hallazgo, habitantes de la localidad de La Iruela se llevaron la imagen y comenzaron a construirle una ermita que, tomados como indicios de la voluntad divina los múltiples accidentes que sufrió, no se concluyó.
Definitivamente instalada en la ermita que lleva su nombre y en el lugar que, por primera vez, fue vista, cada último domingo de abril, recibe a un numeroso grupo de romeros.
La fiesta comienza la noche del sábado con las llamadas hogueras romeras que están por toda la ciudad y en torno a las que es frecuente ver bailar y oír el fandango cazorleño (con ritmo reposado que deja libertad de composición al intérprete).
La mañana del domingo se inicia el camino hacia la ermita de la Virgen y se celebran distintos actos religiosos que la honran. Después, las típicas tortillas de habas, los hornazos, la "cuerva de los romeros" (especie de sangría) y la belleza de la bajada, ya por la noche, de la imagen mariana a Cazorla, donde permanece hasta el primer domingo de junio, ponen punto final a esta jornada festiva.
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