En 1225, un labriego vio la imagen de una Virgen subida en una encina que le solicitó la construcción de un santuario para su culto.
Este árbol no sólo dio nombre a la advocación mariana, sino que daba aceite para los más necesitados.
Así fue, cuenta la voz popular, como nació la devoción por su patrona. Para que los ausentes puedan gozar de su presencia, se celebran estas fiestas del emigrante que cuentan con animadas verbenas y que destinan el día 15 de agosto a rendir honores a la Virgen de la Encina.
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