Cuenta la tradición que unos vendedores de paño llegaron a una cueva de ermitaños y que una de las telas que llevaban era la imagen de un Cristo Crucificado que regalaron a los anacoretas.
La admiración por el lienzo creció entre los ciudadanos y se le hizo un santuario situado a unos cinco kilómetros de la localidad.
A éste, se trasladan los valdepeñeros el primer domingo de mayo para asistir a la procesión de la imagen del Cristo de Chircales y pasar una jornada festiva que, como caracteriza a estas celebraciones de hermandad, posee el colorido de las carretas y de los trajes de faralaes que lucen muchas de las asistentes.
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