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Entre las señas de identidad que distinguen a la ciudad de Castellón destaca el respeto a sus tradiciones y, sobre todo, un especial sentido de conciencia histórica que alcanza su más alta significación en las fiestas de la Magdalena. La Romeria de les Canyes, en el tercer domingo de Cuaresma, con el retorno anual al viejo solar del Castell Vell, constituye el más claro testimonio de la fidelidad de los castellonenses a sus orígenes.
La ilusión colectiva que hizo posible el nacimiento de estas fiestas en 1945 y su realidad actual, en la conmemoración del hecho fundacional de la ciudad, tiene el fundamento en una antigua romería penitencial que ha persistido en el tiempo y sobre la cual ya existen documentos del siglo XIV. Pero la Magdalena, al reavivar el rescoldo de la memoria hecha de historia y tradición, es como el resplandor que brilla en la gaiata. Una luz, esclat de llum, que ilumina con fuerza el presente y se proyecta todavía más vigorosa en el caminar de nuestro pueblo hacia el futuro. Una fiesta siempre joven, mediterránea y participativa, que vibra en la calle y en cada rincón de la ciudad, con la aportación de colles i gaiates.
Luz y fuego, música y color, rollo y caña, desde la satisfacción de una ciudad que sabe muy bien lo que significa la fiesta en su raíz popular y por eso la vive en toda su plenitud. |