
El espíritu del carnaval en este pueblo de Alava está encarnado por un muñeco que recibe el nombre de Marquitos. Lleva sombrero y zapatos negros y porta al cuello una ristra de huevos, que son símbolo de resurrección. Es quemado el domingo 22 por la tarde después de someterle a un juicio. Un predicador, vestido de cashero lee previamente un responso. Es un carnaval eminentemente rural en el que aparecen una serie de personajes de las antiguas fiestas de invierno, como el viejo, la vieja, las ovejas, el oso y el pastor. Los zanpanzas van con el cuerpo metido en sacos rellenos de tela. Se dan vueltas por los barrios, echando ceniza a los visitantes. Al final se sirve vino caliente.
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