El río Luna apellida esta zona leonesa, marcada por las montañas calizas y el embalse del mismo nombre. Al norte de la provincia, dando la mano a los valles asturianos, sus preciosos paisajes invitan al disfrute, practicando deportes acuáticos, escalada, senderismo, o abandonándose a la simple contemplación de su majestuosidad.
Los pequeños pero encantadores pueblos de Luna nos retrotraen a espacios no explorados por la memoria que aquí se hacen presente, en las pétreas construcciones al cobijo del paso de los años. Las fuentes manando en sus calles, agua y más agua, patrimonio inexcusable de estos lugares.
Ya nos imaginamos en la mesa rústica de una preciosa casa rural, donde nos esperan, como si de un bodegón se tratara, una hogaza, un queso, un vino tinto y sus extraordinarios embutidos, curados al severo aire de estas montañas que le otorgan el justo punto para convertirlos en verdaderos manjares.