Estuvimos 8 adultos y 3 niños y tenemos un recuerdo inolvidable. Nuestro primer encuentro con la casa fue de sorpresa, no imaginábamos su amplitud, su luz cálida, su encanto en la decoración tanto de la casa como del jardín. No le falta detalle (cocina muy completa, juegos de mesa, libros...) para hacerla acogedora y sentirnos como en casa. ¡Nos gustaron mucho los cuadros!, que nos enteramos que eran de la madre de Mª José, de flores, frutas, nos hacían integrarnos en el entorno. En la casa se respira amor hacia el campo, la naturaleza. Muy buena idea el libro de actividades pues nos fue muy útil, además de los consejos de Mª José y de sus padres. Muy interesante el paseo de los Almendros junto al rio Duero, en el observatorio pudimos ver las especies autóctonas como la garza imperial, también nos gustó la presa de San José, el Centro de interpretación de la naturaleza, la ciudad de Toro que está muy cerca. Destacamos en el jardín su fuente y la escultura al entrar, tiene un toque tropical por las plantas y el mobiliario, sitio para sentarse relajadamente, comer o desayunar, un espacio de paz, del que los pequeños también disfrutaron pues podían jugar muy bien. Destaco sus espacios para poder estar juntos y a la vez independientes. El piso de arriba no lo imaginábamos, como loft, con su cocina independiente, amplio, diáfano muy bien decorado. En el piso de abajo las habitaciones muy bonitas también, todo es nuevo, muy cuidado y limpio. Volveremos, pues nos dimos cuenta que Castilla no es aspera y amarilla, sino llena de color y de magia.