Nos ha gustado sobretodo, el trato amable y hospitalario de sus propietarios (Roser y Joan). La casa reune todos los elementos para disfrutar sin salir de ella. Pero además ofrece un entorno natural del que también se puede disfrutar. Por poner un ejemplo, visitando la torre de Vallferosa (una maravilla sin apenas reconocimiento), nos topamos con un zorro, a las 10:30h de la mañana... todo un lujo!
También hay que destacar que se cena de maravilla, es una pena que no ofrezcan comida a mediodía.