Estuvimos 3 noches del puente de mayo alojados en este fantástico hotelito. Nos cautivó totalmente, tanto por la decoración y el entorno como por el trato recibido. Los detalles de las habitaciones y las zonas comunes están muy cuidados, y todo el mobiliario super nuevo. Nuestra habitación tenía terracita y daba a un prado en el que todas las mañanas había una yegua pastando, todo muy bucólico!. Era una habitación sencilla pero preciosa, con cama con dosel y un par de sillones. El agua caliente de la ducha salía enseguida, y la ducha era amplia. Los dueños fueron muy muy amables, esperas la típica recepción con mostrador y nada más llegar te sientan en una mesita redonda al lado de la chimenea, todo muy familiar. Nos dieron muchas recomendaciones de sitios para ver, y mapas de la zona. Impresionantes los desayunos, no son tipo buffet sino que te van llevando ellos a la mesa las cosas, todo riquísimo. De hecho el desayuno es lo que más echamos de menos al irnos! Repetiríamos sin duda, nos ha dado pena tener que irnos!