Hemos pasado una semana alojados y nos sumamos a lo dicho en las opiniones anteriores. Inmejorable trato por parte de sus dueños, Paloma y Sergio, atentos a lo que puedas necesitar, amables, educados y conocedores a fondo de todo lo que este precioso valle asturiano pueda ofrecer: su naturaleza, las rutas más sencillas, las más duras que ellos mismos han hecho, preciosos pueblos, dónde comer, dónde aparcar... Sergio conoce cada curva y cada montaña. Atienden ellos mismos y eso se nota, y es lo que buscamos los que amamos el turismo rural. Nada de jaccuzzis ni cosas por el estilo. Preciosa casa con facilísimo acceso asfaltado y sitio para aparcar, en uno de los mejores enclaves del valle donde solo se oye la Naturaleza. Habitación amplia y cómoda, buena ducha con agua caliente abundante, desayuno y cena en la propia casa, bocadillos y fruta si se avisa con tiempo. La cocina es muy buena, Paloma borda los platos y hace salsas y mezclas muy originales. El salón al calor de la chimenea y la extensa biblioteca son impagables: libros de rutas, naturaleza y costumbres de Asturias en general y más concretamente de la historia, arquitectura y forma de vida de los habitantes de la zona que os ayudarán a ver de otra manera el paisaje, donde una naturaleza exhuberante se mezcla con el esfuerzo por habitarla y subsistir del ser humano. Cuidad la casa si la visitais, porque todo está nuevo y muy bien puesto, y cuidad el valle para que podamos seguir disfrutando de él. Paloma y Sergio saben muy bien la apuesta que tienen entre manos, y mezclan a la perfección la cercanía en el trato con el respeto a la intimidad de los alojados. Aunque viven allí, ellos tienen su espacio y los alojados el suyo, comunicados en todo momento si es necesario, para sugerir una ruta, para avivar el fuego, pero independientes. Una delicia... Hay que volver. La recomendamos al 200%.
Un abrazo, de Carolina y Vicente